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Así se detecta el auténtico talento empresarial

18/07/2007 - Categoría: Búsqueda de directivos - Autor: Pedro Riera

De los cientos de procesos de búsqueda cerrados que cada año puede hacer cualquier empresa de selección de altos ejecutivos, un mínimo porcentaje no cumple con las expectativas. Pero eso no quiere decir que el resto de los directivos que se colocan sean excelentes. Cumplen con sus objetivos, encajan con la cultura empresarial y tienen las capacidades requeridas para su función, pero en palabras de Pedro Riera, socio de Seeliger y Conde, «ése no es el auténtico talento».

«En nuestro trabajo diario prosigue, tienes que buscar siempre lo mejor, el perfil más adecuado, pero eso no significa que todas los fichajes sean cracks». Riera se explica en términos comerciales: «Las compañías de nuestro sector el de la búsqueda y selección de directivos garantizan la sustitución del candidato seleccionado si, por la razón que sea, no encaja en el puesto, pero esto sólo ocurre aproximadamente en el 2% de los casos». Curiosamente, el porcentaje que corresponde a ejecutivos excelentes también es mínimo, «unos cuantos al año», intenta concretar el socio de Seeliger y Conde. Entonces, żen qué consiste el auténtico talento empresarial?

En cuatro pasos

Para Pedro Riera son cuatro las características que definen ese talento tan buscado. La primera de ellas se refiere a que «son personas capaces de marcar la diferencia». El estilo, la personalidad y la forma de trabajar de estos profesionales se contagia positivamente en toda la empresa y se propaga a una velocidad de vértigo. Riera alude a personajes históricos como Jesucristo al margen de cualquier convicción o creencia y a otros tan relevantes en la empresa a nivel internacional como Steve Jobs, CEO de Apple. «Ambos son líderes naturales, en el primer ejemplo, se dice que todo el que oía a Jesucristo le seguía y Jobs, por su parte, fue capaz de redefinir toda la estrategia de una gran compañía gracias a la fuerza de sus ideas innovadoras». Por tanto, una visión clara, capacidad de convicción y de generación de confianza son algunos de los rasgos más reveladores. «Son características naturales explica Riera y, por tanto, son difíciles de adquirir en ninguna universidad ni escuela de negocios».

La capacidad de innovación y de aportar creatividad es el segundo rasgo del directivo talentoso. Estas personas «se rebelan a hacer más de lo mismo». Una actitud que actualmente se convierte, si cabe, en más necesaria que antes, ya que en un mundo de cambios constantes y repentinos, seguir haciendo las cosas siempre de la misma manera no suele funcionar. Para Pedro Riera «el auténtico talento no es follower (el que sigue a los demás) sino que es leader, innovando en todas las áreas y equivocándose también, porque también hay que decir que el innovador se arriesga y no siempre acierta».

Cuestión de tiempo

El tercer y cuarto aspecto tienen que ver con el paso del tiempo. Riera apunta que la tercera de las características de un profesional de calibre es que sus resultados se notan a corto plazo. Es decir, «sabe implementar su visión para que sea eficaz». Y añade, de forma rotunda, que en este caso no sirve el yo haría o el no me dejan, porque «si crees en esas ideas no las guardas en el congelador». Por último, el cuarto de los aspectos definitorios sería el reconocimiento que recibe a largo plazo como consecuencia de sus méritos. «Los primeros que suelen hacerlo son los empleados, luego los clientes y finalmente el mercado», enumera Riera. Pero de nada sirve hacer esta pequeña radiografía si no se cuenta con cierta dosis de intuición. Pedro Riera reconoce que no existen fórmulas magistrales para detectar la auténtica valía profesional. «No hay una metodología sistemática, el talento excepcional lo detectas con la intuición apoyada en la experiencia», concluye.

El ejemplo de los líderes que nacen

«Si tuviera que elegir el perfecto líder natural de los que salen hoy en los papeles sería sin dudarlo Steve Jobs». Para Pedro Riera, socio de Seeliger y Conde y experto en el área de las nuevas tecnologías, el cofundador y consejero delegado de Apple representa como ningún otro la figura del líder que nace. Un repaso de su historia, que él mismo narra en su conocido discurso Stay hungry, stay foolish que pronunció en la apertura del curso 2005-2006 de la universidad de Stanford, avala la opinión de Riera. Jobs creó junto con Steve Wozniak la empresa con veinte años en el garaje de sus padres. Una década después con 4.000 empleados y el Macintosh ya creado, le despidieron. Para Riera fue entonces «cuando Apple entró en la vulgaridad, compitiendo con las mismas armas que la competencia». Ante la adversidad, Steve Jobs sacó fuerzas de flaqueza y fundó Pixar, artífice de Toy Story, Cars o Los Increibles y pionera en la animación por ordenador. En ese momento, Jobs regresó a Apple cuando estaba al borde de la bancarrota y como explica Riera: «Dio la vuelta a la empresa con el iMac, el iPod y en estos momentos el recién presentado iPhone». Una trayectoria que parece deberse a la puesta en práctica de sus consejos: «Si vives cada día como el último, alguno tendrás la razón» o «no dejes que la voz de los demás, por mucho que grite, silencie tus opiniones».

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