José Loring, socio de la firma de búsqueda de ejecutivos Seeliger y Conde, habla de las oportunidades de este sector.
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En los últimos cinco años el panorama empresarial de nuestro país ha evolucionado a pasos agigantados y entre los nuevos actores destacan los fondos de capital riesgo. El último balance del sector Capital Riesgo en España —realizado anualmente por la publicación especializada Capital & Corporate— revela que desde 2003, las inversiones de estos fondos se han triplicado, alcanzando los 4.000 millones en el ejercicio de 2005. El informe también destaca que las operaciones que más han crecido son las de management buy out (MBO) y management buy in (MBI) —supusieron un 60% del volumen invertido—, y son precisamente este tipo de adquisiciones las que se enfrentan a una mayor necesidad de contratar profesionales de alto nivel y gran experiencia.
José Loring, socio de la empresa de búsqueda de altos ejecutivos Seeliger y Conde —especializada, entre otros campos, en servicios financieros— destaca la oportunidad profesional que el capital riesgo ofrece actualmente a los directivos: “Estos fondos están empezando a solicitar gestores con experiencia, altos directivos que puedan formar un equipo para que actúe como socio”. Para Loring el problema se plantea porque “mientras que en otros países, como Reino Unido, existen auténticos expertos en gestionar estas situaciones, en España es más complicado, pues todavía no hay un colectivo numeroso de especialistas, son operaciones delicadas y aunque un directivo tenga una carrera de éxito en una multinacional puede atascarse en un MBO o en un MBI, es curioso, pero no todo el mundo vale”.
“El perfil requerido —especifica Loring— es el de profesionales con mucha experiencia en gestión y una trayectoria probada en un proyecto similar y, a ser posible, en el mismo sector”. Aunque para que un alto ejecutivo afronte con éxito uno de estos dos modelos, el socio de Seeliger y Conde se refiere a dos capacidades esenciales: espíritu emprendedor y gestión a contrarreloj. El primer requisito parece obvio al tratar el tema del capital riesgo, ya que una de las exigencias de estos fondos consiste en que el directivo tiene que invertir parte de su dinero en el proyecto, sin embargo, Loring matiza que “si hace diez años este aspecto era tremendamente valorado, hoy ha cambiado bastante”. “No se trata únicamente de asumir riesgos en el dinero, sino de la capacidad de asumir el cambio vital que supone el pasar de directivo a empresario”, añade.
Por otro lado, la otra dificultad con la que se enfrentan estos gestores es la intensidad de la gestión a corto, una exigencia que no coincide con el modo de trabajar habitual de los directivos, en el que las decisiones suelen estudiarse con perspectiva de más largo plazo. Estos proyectos se plantean con un deadline, o fecha límite, de seis o siete años, y en ese tiempo hay que maximizar el valor y el circulante. En este sentido también destaca Loring que “es imprescindible una alineación de objetivos, intereses, plan estratégico y de tiempos entre el socio financiero y el profesional”.