“Paul Valéry decía que el problema de nuestro tiempo es que el futuro no es como fue”, dijo ayer Luis Conde, presidente de Seeliger y Conde, en Matins Esade. Ante un numeroso público, un jovial Conde, que asumió que “hemos pasado unos años muy buenos y ahora nos encontramos ante un mundo muy peligroso”, dijo que en esta situación “debemos defender una posición activa frente a los retos”.
Para Conde, “la globalización ya no tiene marcha atrás” y eso supone para las empresas “ganar mercados, vender a mejor precio y reducir al mínimo los costes”. Los ejecutivos, dijo respondiendo a una pregunta del público, “deben austerizar y dar ejemplo”.
En el nuevo contexto global, los ejecutivos, apuntó, “tienen un perfil diferente” y han “de aprender rápido”. Esos conocimientos se deberán aplicar a nuevos cometidos como “las preocupaciones sociales medioambientales”, que ahora pesan más que la creación de valor para los accionistas.
De hecho, señaló Luis Conde, “vamos hacia un nuevo modelo de empresa. Si el bien básico de la economía primero fue la técnica, luego el dinero y después la información, hoy es el conocimiento”.
Por eso, según explicó, “el papel principal del directivo del futuro será ayudar a la gente a modificar sus modelos rígidos de comportamiento”.
Luis Conde considera muy importante que el ejecutivo se divierta trabajando, en el sentido de hacer aquello que le gusta y para lo que está dispuesto. La libertad, el dinero y el reconocimiento social son los otros ingredientes con que se forma la pasta de los nuevos directivos.
El presidente de Seeliger y Conde apunta como sectores de futuro las telecomunicaciones, el medio ambiente, el ocio y el energético, al tiempo que animó a los ejecutivos a establecer un plan B para cuando se jubilen, porque “vivimos demasiado y, además de divertirnos, hay que ser útiles”. “Sé tú mismo”, sentenció, entre los aplausos del auditorio.