Pasar de una cultura paternalista a una participativa es el reto al que se enfrentan la segunda y tercera generación en una empresa familiar. Para María García, socia de SyC Consultoría, la problemática tiene que ver con la gestión de las personas. "Normalmente es aquel que tiene más sensibilidad el que asume esta función, sin embargo en ocasiones no es necesario un director de recursos humanos", señala García, quien añade que la gestión en este tipo de organizaciones es una cuestión de valores y comunicación: "A menudo se mezclan los roles de jefe, padre, hijo, empleado y, en caso de crítica es muy complicado ser objetivo en la relación familiar".
La división de consultoría de la firma de cazatalentos ha puesto en marcha un servicio específico para garantizar la supervivencia de las empresas familiares a través de dos vías: la consultoría en estrategia de gestión de personas y el \'coaching\' ejecutivo. En el primer caso, se analiza a fondo el funcionamiento de los comités de dirección, en el que se sientan miembros de la familia. "Es importante definir los pilares básicos en la gestión de personas y diseñar un plan de acción que responda a las necesidades estratégicas de la empresa.
Hay que conseguir que la cultura sea más participativa y esté orientada al desarrollo basado en la delegación", apunta García, quien señala como fundamental implantar un sistema de evaluación adecuado a cada caso. La segunda fase del proceso tiene que ver con el \'coaching\' de tres tipos: individual (para dueño e hijos); ese grupo (para la familia) y de equipos (para el comité de dirección). García explica que en estos procesos se descubre que hay que reforzar la confianza en la segunda y tercera generación, "porque la exigencia y el perfeccionismo es lo que más impacta en los herederos. Recibir un \'feedback\' del padre neutro y objetivo es fundamental para garantizar la supervivencia empresarial".
María García, socia de Seeliger y Conde Consultoría
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